Intentamos descifrarnos.
Como quien intenta leer y entender
una lengua nueva,
porque hablábamos idiomas diferentes.
Tú eras un holograma y
yo otro,
y se sentía tan bien
los dos juntos,
que para qué entender
este
sentimiento de mutua,
pura
y desazonante pasión.
Pero lo hicimos,
en la oscuridad
de una noche
seca,
en las remotas calles
de una ciudad vacía,
en una cama
que no era
nuestra.
Como aullar al alma desnuda,
al eterno fuego interno,
que palpita
y goza,
entre tu corazón y el mío.
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