lunes, 27 de febrero de 2017

30 de Noviembre de 2013

¿Me estás mirando mal por decir lo que pienso?
¿Por amar, sentir, como yo quiero?
Por pensar.
Y por esa mirada que me echas, hay dolor.
Físico, intelectual.
El dolor que se siente en el pecho,
Que hace de veneno en países pobres.
El dolor que crea la obligación a estar callados.
Que las palabras que no se dicen, pican y duelen en la garganta.
Que hay tantos pensamientos, y tan distintos,
Que, ¿para qué callarlos? Yo me pregunto.
¿Para qué callar lo que uno piensa?
Si la curiosidad mato al gato,
Yo quiero saber lo que piensa el vecino del Bajo B.
Pero ahora ya es tarde.
Porque ya no se dice lo que se piensa.
Porque ahora ya no hay diferencias,
Monótono,
Como la caligrafía a ordenador.
Monótono como el amor falso,
Como la luz blanca en una sala de espera.
Monótono como un hospital abandonado.
Y ya no se grita, ni si quiera por amor.
Porque “Es ridículo”
¿Para qué gritar si se puede enviar un mensaje?
Eso digo yo.
¿Para qué?
Y respondes,
Para todo, claro está.
Aunque sea para no abandonar las cuerdas vocales.
Gritar para pensar, Pensar para gritar.
Escribir, contar,
Aquello que se hace tan grande de a poco en tu cabeza.
Una idea.
Un pensamiento.
Una razón.
Que si no es por discontinuidades,
¿Qué haríamos aquí?
Que si no es por diferencias
Me confundiría al besar a la persona a la que amo,

Ya que todas serían iguales. 

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