Decían que
tenías el corazón
Alicatado al
pecho.
De
ardiente pasión,
En un pequeño
hueco estrecho.
Ahí donde nacen
tus sílabas
y donde va a
morir el placer.
Donde bailabas,
Donde el viento
te iba a absorber.
Pero solo
decían,
Frases
distorsionadas en bocas insanas.
Pájaros que
pían,
Canciones
fuertes, más que banas.
Aunque eres
eso,
Voces que
vienen y van.
Te
confieso.
Palabras que
suben como el champán.
Tu cuerpo libre
de dogmas,
En mis sueños, tú mi musa.
Tus palabras
sin normas
Y mi mente desnuda
sin escusa.
Eres también,
timbales.
Igual que los
fuegos artificiales.
Y mis pulmones,
Condenados a tu
respiración.
Como miles de
acordeones
Sonando en la
habitación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario